
En la primera parte hablábamos de cómo los procesos de recuperación y crecimiento no son lineales. Y hoy quiero seguir acompañándote con más herramientas para esos días en los que la cuesta se hace un poco más empinada.
Porque si estás viviendo un cambio profundo —en tu cuerpo, en tu energía o en tu forma de estar en el mundo—, es normal que a veces te cueste. No es señal de debilidad, sino de que te estás moviendo. Y moverse, aunque sea hacia lo mejor, también remueve.
Aquí van algunas ideas más para sostenerte mejor en esos días:
1. Metas alcanzables
El largo plazo puede motivar… o agobiar.
Por eso, descompón tu proceso en pasos pequeños. Un ajuste hoy. Un paseo consciente. Respirar tres minutos.
Celebra cada avance, por pequeño que parezca. No solo por lo que logras, sino porque te estás eligiendo.
2. Respiración consciente
Cuando la cabeza se llena de ruido, vuelve al cuerpo.
Tu respiración está ahí, disponible, gratuita, poderosa. Dedica unos minutos a simplemente respirar. A sentir. A bajar del pensamiento al presente. No hace falta resolverlo todo. A veces, solo necesitas estar contigo sin juicio.
3. Conexión
Compartir alivia.
Hablar con alguien de confianza, escribir lo que te pasa, incluso dejar salir lo que estás sintiendo en un espacio seguro… todo eso saca peso del sistema. Porque sí, puedes con esto. Pero no tienes que hacerlo solo.
Y si no sabes por dónde empezar, empieza por decirte: “Esto también pasará.”
Y como siempre, si en medio del camino te entran dudas, preguntas o simplemente necesitas apoyo, aquí estamos.
Para escucharte, para acompañarte, para recordarte lo que a veces se te olvida:
Estás haciendo lo mejor que puedes.
Y eso ya es muchísimo.
