Hoy, mientras caminaba, pensaba en lo mucho que evitamos la incomodidad. Queremos sentirnos bien, que todo fluya, que nada duela… pero la vida —y el cuerpo— también se expanden en los momentos que incomodan.
La incomodidad no siempre es un obstáculo; a veces es una señal de crecimiento. Es ese tramo en el que los músculos tiemblan antes de fortalecerse, donde el sistema nervioso se adapta, donde la mente aprende a soltar viejas estructuras.
En consulta lo veo constantemente: personas que atraviesan momentos de cambio, en los que el cuerpo se ajusta y se reorganiza. Y aunque a veces haya molestias o resistencias, al otro lado suele aparecer algo más grande: equilibrio, ligereza, claridad.
🔹 Ajustes quiroprácticos para acompañar los procesos de adaptación
🔹 Aprender a habitar la incomodidad como parte del crecimiento
🔹 Primera visita completa en nuestro centro en Madrid
¿Y si, en lugar de huir de la incomodidad, pruebas a escuchar qué quiere enseñarte? Tal vez no sea un freno, sino una puerta a lo nuevo.
