El agua del mar, fuente universal de sabiduría

El psiquismo actúa sobre el cuerpo y el estado del cuerpo influencia los procesos cognitivos y las emociones.

Las respuestas emotivas de cada individuo, están directamente relacionadas con la interpretación que hacemos de la realidad. De esta forma, nuestra manera de ver las cosas puede afectar de modo notable a todas las áreas de su vida (salud, auto-imagen, seguridad personal, relaciones, productividad, etc.).

La relación que tiene el pensamiento con las emociones llega al extremo de poder influirlas hasta llegar incluso a determinarlas.  Y no sólo eso, sino que sus efectos también se materializan en el cuerpo.

¿Sabías que un minuto entreteniendo en un pensamiento negativo deja el sistema inmunitario en una situación delicada durante seis horas?

Hasta ahora lo decían los iluminados, los meditadores y los sabios; ahora también lo dice la ciencia: son nuestros pensamientos los que en gran medida han creado y crean continuamente nuestro mundo.

Por ello no nos debería resultar extraño ver como los laboratorios de las Universidades más prestigiosas se interesen también por la influencia del amor y las emociones positivas en la buena salud del cuerpo y de la mente.

Masaru Emoto dice, “el agua es el alma del universo”. Con sus experimentos demostró que las intenciones de cada uno se quedan grabadas y nos son devueltas.

El punto esencial de las teorías de Emoto consiste en que “El pensamiento humano, las palabras, la música, las etiquetas en los envases, influyen sobre el agua. Si el agua lo hace, nosotros que somos 70-80% agua deberíamos comportarnos igual”.

Los creyentes en Emoto, por tanto, aceptan que mentalmente o por la palabra se puede influir en la estructura o propiedades de una sustancia química como el agua. Y que dicha influencia pasaría del agua al cuerpo humano.

Si echamos la vista atrás, en un momento de nuestra evolución, cierta clase de animales marinos se vieron obligados a emigrar a la tierra por desecación de su medio acuático. En su composición contenían gran porcentaje de agua marina que ha sido heredada hasta llegar a nuestros días.

Cada uno de nosotros lleva en sus venas un fluido salado que combina el sodio, el potasio y el calcio, en una proporción casi igual a la del agua del mar.

Cada cuerpo humano es como un pequeño océano en el que flotan las células. Si este océano interior mantiene sus condiciones físicas (es decir, su ph, salinidad, temperatura, etc…), el conjunto del cuerpo se mantiene en un estado de equilibrio natural, que es lo que llamamos salud.

Y al contrario, si se presenta una carencia o un desequilibrio en estos factores, se dificulta (o llega a impedirse) el funcionamiento normal del conjunto del organismo, que es el estado que llamamos enfermedad.

A principios del siglo XX se demostró que el agua de mar  tenía un alto componente sanador  de las enfermedades infantiles así como de todo tipo de enfermedades terminales, muy especialmente la de los enfermos de cáncer incipiente. René Quinton tuvo un gran éxito sanando todo tipo de enfermedades mediante la utilización de agua de mar, recolectada y almacenada bajo unas condiciones físicas determinadas.

Quinton curó un gran número de enfermedades que se habían creído incurables, y que la medicina de su tiempo y las técnicas de Pasteur simplemente no sabían ni podían tratar. Todos los casos se solucionaron con pleno éxito. Sin embargo muchos quisieron que estos avances quedaran en el olvido.

Por otro lado, el agua de mar en contacto con la piel, por difusión tópica, permite absorber los nutrientes que lleva siendo capaz de modificar los estados emocionales. Y no sólo eso, como veremos más adelante también limpia el organismo.

Esta acción se realiza mediante los neuropéptidos, responsables de la manifestación bioquímica de las emociones, de la memoria, del pensamiento, de la sensibilidad corporal, de la autodefensa celular de los tejidos y de los órganos.

Si unimos los descubrimientos de Masaru Emoto, René Quinton y los de la Dra. Candace Pert, quien afirma que toda enfermedad tiene siempre un componente psicológico, estaríamos ante la cura a cualquier tipo de enfermedad.

La Dra. Candace Pert tiene diversas patentes para los péptidos modificados en el tratamiento de la psoriasis, la enfermedad de Alzheimer, síndrome de fatiga crónica, derrame cerebral y traumatismo craneal y se ha convertido en una postulante de las medicinas alternativas y diversas teorías pseudocientíficas, como las terapias energéticas.

En base a toda esta ciencia, por nuestra parte nosotros te invitamos a realizar una sencilla práctica.

El doctor Alberto Martí Bosch, del que hablamos en una de nuestras anteriores publicaciones, “Cómo afrontar el cáncer de manera holística”, nos habla del poder terapéutico de los baños de sal y de cómo estos puede ayudarnos a limpiar por dentro nuestro organismo.

Los baños termales han sido utilizados para sanar desde el tiempo de los romanos y que es muy sencillo reproducir sus beneficios en casa.

Darse un baño caliente es uno de esos placeres de la vida. Permite relajarse en soledad a la vez que nos limpia tanto por fuera como por dentro. Es la mejor manera de aunar relax y salud.

 Un baño de sal al día es recomendable para enfermos graves, que tengan dañado el hígado, el riñón, que tengan un cuerpo ácido, sufran de cáncer, etc; pero para el resto, con un baño a la semana será suficiente.

Abrimos el grifo para llenar la bañera con agua caliente y, mientras se va llenando, vamos vertiendo la sal. Necesitaremos 2 kilos de sal por bañera, ya que la bañera llena hasta la mitad necesita unos 100 litros de agua y así conseguimos la proporción de 20 gramos de sal por litro. No es necesario utilizar ningún tipo de sal especial, pero sí es importante que sea sal marina. Conforme vayamos vertiendo la sal, removemos para que la sal se disuelva. Con un baño de media hora será suficiente.

Pese a que sea necesario para nuestra salud, tampoco conviene abusar, pues para llenar una bañera se necesita mucha agua, un recurso que no debemos derrochar. Sin embargo, limpiarse por dentro, prevenir enfermedades y sanar no puede ser considerado un derroche. Alberto Martí ya lo advierte: “La gente está quitando las bañeras y se están abriendo balnearios”.

Y recuerda… elige buena música y piensa en cosas bonitas.

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